Paris es una de las ciudades que forman parte del
corazón del mundo. Se trata por lo tanto de un atauqe al corazón de la
humanidad. Es muy significativo que los ataque provengan del Medio Oriente quees
el plexo de la tierra como el reflejo de todos los seres humanos. Esta región
recoge la amalgama de los sentimientos y pensamientos positivos y negativos de
todos nosotros. Todo está relacionado. Si nuestros pensamientos y sentimientos
son negativos reforzamos las energías de extremismo, radicalismo, terrorismo,
fundamentalismo, integrismo, racismo, puritanismo, irrealismo y fanatismo.
Enviamos como las ondas de radio, vibraciones a la noosfera de la tierra que se
acumulan en nuestra casa la Tierra en los lugares más receptivos a estos
egrégores energéticos. Tal como ocurre en nuestro cuerpo, donde está la parte
más débil, allí es donde más golpes recibimos.
Este fin de
semana estábamos en Barcelona, tal como lo venimos haciendo desde hace más de
veinte años, para encuentros intercambios y comunicaciones sobre nuestras
investigaciones en relación con la armonización de nuestras relaciones. Es
nuestra respuesta a las necesidades que surgen con el tiempo nuevo. El sábado
estábamos en el centro de Espiritualidad de San Felipe Neri en Nena Casas y el
domingo en el centro Aves (de duelo) de la calle Córsega. Aunque últimamente
hay una menor participación, constatamos una inquietud y un hambre y sed
crecientes para poder sobrellevar los problemas de una sociedad cada vez más
complicada, dividida e incoherente. Lo que se vuelve cada vez más claro después
de hechos tan violentos como los recientes atentados de Paris.

El ser humano está descubriendo que la vida
orientada principalmente hacia el interés y el enriquecimiento personal tiene
como consecuencia reforzar la división y
exclusión social. Es un sistema que alimenta las dependencias y
frustraciones a las que todos contribuimos. Conduce a desigualdades,
injusticias y violencias, además de facilitar las manipulaciones de aquellos
que tienen los monopolios y poderes de todo tipo. Automáticamente contribuye al
crecimiento de la convicción de que la paz sólo sea posible a través de luchas
y conflictos. Nuestra sociedad tan altamente civilizada, está sometida desde siempre
a la ley animal del macho dominante, según
la cual la mujer no tendría otro lugar que el de ser un elemento subordinado,
productor y de ayuda cuidados indispensable para la vida del hombre ?
¿¡Acaso los hombres que salen de su vientre son superiores a su fuente!? Incluso ¿sería acaso la voluntad de un Dios
« sólamente masculino » ? ¡Se diría que todavía vivimos en la
época de las Cruzadas ! Nuestras relaciones son automáticamente
confundidasy dominadas por la lógica del guerrero que debe luchar para distinguirse
por su supuesta grandeza, con todas las consecuencias de miedos, sufrimientos y
enfermedades de todo tipo a lo que conduce.
Las con nosotros
mismos, el entorno (la tierra) y el otro se vuelven cada vez más injustas,
incluso incontrolables y caóticas. Esta
« tendencia de cada uno para
sí » paraliza y divide la coherencia social de la masa de personas. Le
vuelve cada vez más vulnerable y acentúa la crisis.
A pesar de las
buenas intenciones de muchas personas y asociaciones que manifiestan su voluntad
de cambio no son capaces de crear una unión
solidaria y fraternal permanente. Hay un descontento total y una
indignación que no son capaces de conseguir un cambio concreto formando así una
bomba escondida. Los accidentes y atentados a la vida unen a las personas pero
¿cuántos y por cuánto tiempo ? Gritamos alto y fuerte nuestra indignación
« yo soy Charlie » pero en
realidad no somos más que « charlots
o charlatanes », vagabundos de muchas palabras, que no consiguen tener
un comportamiento justo y efectivo. Mostramos una solidaridad momentánea para reivindicar sobre todo nuestra libertad
individual pero nos olvidamos de mantenerlas
en el nivel colectivo de las sociedad mediante acciones concretas.
Aparentemente no vemos otra cosa que este viejo sistema de culto a los
intereses individualistas está condenado a desaparecer por sus propias
debilidades. Y no sólamente se separa de las fuentes de vida espirituales sino
que además las destruye en nombre de un ídolo, un Dios material o
espiritual.
Todos somos, como jardireso en un gran campo. Cada
uno trata de trabajar su pequeña parcela de terreno a su manera. Si fuera
posible querríamos poseer el terreno del otro bajo el pretexto de que sería más
rentable por el hecho de mejorar la tierra a nuestra manerala haría mejor
políticamente, socialmente, económicamente, científicamente, espiritualmente o
religiosamente. Además trabajando con ideas, supuestamente de alta
espiritualidad, pretendemos poder imponer la
perfección limitada de nuestra manera de ver como la única válida. ¡Hasta
qué punto ignora la comprensión humanael verdadero sentido de la Gran Vida
Única ! Incluso trabajado con bonitas ideas espirituales, todavía no
sabemos alcanzar un acuerdo mundial para mejorar este gran campo planetario. « Si
un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en la fosa (Mt 15,14 ; Lc
6,39).
No nos
cuestionamos las consecuencias de nuestros actos individuales, ni nuestra
responsabilidad con relación al conjunto. Actuamos principalmente guiados por
el miedo y no por una conciencia colectiva y constructiva para el bien de
todos. Persequimos la carrera « del crecimiento de nuestro dinero y bienes
y nuestra salud individual » sin cuestionar
su sentido en el contexto. ¿Acaso podemos pedir a nuestros dirigentes una
actitud diferente a la nuestra ?
¿Cuándo nos
liberaremos de estas tristes constataciones ? ¿Qué sentido tendría
continuar hablando de la lucha por la paz y mantener la esperanza si no
aceptamos que la clave de los cambios es la solidaridad permanente entre todos nosotros, aprendiendo el uno del otro ? La solidaridad consiste en vivir
el acuerdo de permanecer unidos continuamente y concretamente hasta ser más
coherentes. Es el salto cuántico del
principio de armonización entre los seres humanos. Le dará por fin a las
dimensiones de la revolución francesa su verdadero sentido.
La igualdad sin
acuerdos de solidaridad en relación a compartir el espacio y los bienes conduce
a conflictos contínuos y desequilibrios en la tarea de compartir los beneficios
del trabajo humano. La libertad sin tener en cuenta las necesidades vitales reales de
cada uno conduce a reacciones violentas como única salida a la acumulación de
frustraciones. La fraternidad sin
una valoración del potencial de servicio de cada uno a la vida colectiva significa
una división y malgasto de fuerzas que conduce a inestabilidades y luchas de
todo tipo.
El principio de la solidaridad es el gran olvido de la revolución
francesa. Ante todo era una reacción, a veces bastante violenta, a favor de las
tres dimensiones básicas (bienes, condiciones y valores) de la vida social. En efecto, la cuarta dimensión, la de la solidaridad, o acuerdo social,
todavía no está realizada puesto que supone el despertar de la conciencia colectiva mediante la interactividad participativa de
cada uno. Debido a su división
incapaz de ver esta realidad frente a frente, salvo en caso de amenazas como
actualmente después de los atentados, ningún responsable de la humanidad puede
resolver las actuales crisis a pesar de sus buenas intenciones o promesas. Sin
la unión solidaria correrán siempre por detrás de de los hechos de las crisis.
¿Para cuando se completará en Francia la cita con la solidaridad ?
¿Acaso tenemos
alguna otra solución que la de actual de una manera más eficaz y concreta hacia la unión solidaria y fraternal de
nuestras fuerzas por encima de nuestras diferencias de convicción, raza o
religión ? Nuestra juventud quiere
un nuevo orden. Si no lo ponemos en
marcha su descontento puede hacerse tan grande que no tendrían otra solución
que revolucionarse.
Nos queda algo de
tiempo antes de que las crisis mayores se abatan sobre nosotros y destruyan el
orden existente por la fuerza a causa del inmobilismo de nuestra inconsciencia colectiva y la falta
de la solidaridad concreta. Para ello se nos ha revelado el proyecto MaRoPa.
Claramente parece un sueño utópico para el pensamiento dualista actual. Es por
lo tanto la traducción concreta del potencial del diseño evocado por la Gran
Invocación. Este proyecto no pertenece a nadie en particular. Es la simple síntesis, la recolección de los deseos del
paraiso en cada uno, reunidos y puestos en una forma de acción concreta de
avance hacia un nuevo orden de esperanza y de justicia. Estamos dispuestos a
darnos la mano como símbolo de paz y fraternidad, incluso a abrazarnos corazón
con corazón. No tendremos necesidad de ritos o iniciaciones especiales para
ello.
Su realización no depende por lo tanto de una sola
persona, sino de la participación de todos
aquellos que, sintiendo la resonancia en lo más profundo de si mismos
tengan la convicción de que la creación de un mundo mejor sea posible. Sería
suficiente que hubiera una masa crítica
mínima de personas que se comprometan a unir más abiertamente y
constantemente sus fuerzas al servicio
del mayor bien del conjunto más allá de todo tipo de diferencias.
Es como en un
montón de composto de desechos de jardín. Desde qie el 1 % comienza a fermentar
todo el montón se transforma en abono. Si una masa crítica crea una unión concreta en la prespectiva de una solidaridad fraternal
mundial permanente, todo el mundo cambiará. Tenemos necesidad de esta unión
para poder expresarnos como
iguales ; para liberar nuestras
faltas de comprensión y amor ; para la mejor valoración del potencial (talentos)
de cada uno, para armonizarnos
mutuamente nuestras cortas visiones para poder unir nuestras fuerzas más
allá de nuestras diferencias, condición par una paz duradera ; y finalmente para poder vivir en la abundancia de la alegría compartida celebrando la vida
en todo lo que hacemos como un servicio al mayor bien para todos. Si no elegimos comprometernos en un gran movimiento de
convergencia mundial de solidaridad fraterna, el mundo irá hacia un caos cada
vez más conflictivo.
Todo está vivo, todo es interactivo, de esta manera con la unión de un
porcentaje de personas, el sueño de un mundo mejor puede hacerse realidad. Su
fuerza de coherencia, de orden fraterno dinámico, belleza y solidaridad son mil
veces más fuertes que el conjunto de todas las fuerzas divididas que actualmente
existen en la tierra.
En el espíritu de síntesis del Instructor del Mundo.
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