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La puerta de Shamballah (el corazón: la habitación de Dios)


Blog para promover un movimiento interactivo en el marco del trabajo de síntesis, presentado como Pangeosis.
El trabajo de síntesis se concibe para liberar la conciencia
colectiva. Se basa en el conocimiento y el control de la energía universal.
Se refiere a cada ser humano y a su responsabilidad.
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A consultar

En el blog de la escuela universal de la vida:

2016 A la puerta de la Gran Transición

jueves, 23 de abril de 2015

El esquema histórico del propósito divino para la Gran Transición de la Humanidad (parte 3)



7. La Transhumanización: es la fase decisiva de la transición de la humanidad. Es la última etapa que cumple las condiciones para que el ser humano pueda entrar en el proceso de su adolescencia divina. Es bastante corto, como de repente la abertura de una puerta como el joven adolescente que deja por la primera vez su entorno familiar limitado para entrar en una gran escuela. Da la impresión como salir de una tumba con límites para entrar en un nuevo campo de luz entre vivos que aspiran a una vida con más coherencia (maestría), más belleza (orden), más perfección (ideal) y más plenitud (unión).
El paso inicial va junto con una liberación de las condiciones planetarias que estimularan  la puesta en marcha de este proceso de la ascensión espiritual de la humanidad, tanto a nivel individual como a nivel colectivo. Estimulará la conciencia humana de volverse más responsable como “ser co-creador” del Creador Único.
Es simbólico un año pero las consecuencias sobrepasan sus límites temporales y necesitan un periodo de algunas decenas de años de adaptación, de aprendizaje y de iniciación en la nueva gran escuela de la vida. Finalmente, el paso del ser humano al estadio superior de su adolescencia divina será un proceso de varios siglos y contara la era de acuario.
Significa un salto cuántico de liberación progresiva de las energías interiores de las fuentes de vida y su armonización con las energías exteriores por el cual se crearán las condiciones de paz necesarias para poder vivir la vida de una manera más calmada, cumpliendo, creativa y festiva o ceremonial. 
Tendrá tres etapas que juntas forman la transhumanización.
Aunque el proceso de la de eterización espiritual es conocido en otros planos del universo, el espíritu del ser humano encarnado todavía no tiene mucha experiencia en este nivel en la tierra. Ya conocemos el reino de la luz divina gracias a Jesús. Así los cristianos pueden pretender estar entrando en él pero como es tan difícil el liberarse del impacto dominante de los condicionamientos materiales, esperan entrar después de la muerte. Pocos tienen el éxito de vivirlo conscientemente en su vida ordinaria.
Podemos evocar tres etapas en el proceso de la transhumanización:


1. La resurrección: es la iniciación en la vida del reino divino de la luz del Espíritu Uno. Es la revelación de la vida de la luz del espíritu por encima de la muerte en nuestras encarnaciones. Es la primera fase de la transhumanización del ser humano. Va junto con la disolución y desaparición de las viejas referencias que han alimentado la conciencia de subordinación del niño divino hasta ahora. Se siente al principio como una pérdida de las referencias de la vida material conocida hasta ahora (Mat. 27,46: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?) Es necesario hacer un salto para liberarse de los viejos conceptos de la vida.
Estamos en el periodo de los cambios de las condiciones de la vida planetaria donde su preparación se ha hecho sentir desde hace algunos decenios y se confirma cada día más. Empuja a la humanidad a cambiar y a buscar la Verdad de la luz espiritual.  
Según nuestras informaciones irá junto con el proceso de la desintegración de la luna como un proceso de purificación de la atmósfera emocional ensombrecida de la tierra. Liberará las fuentes emocionales sutiles o astrales superiores, espiritualmente más luminosas y transparentes del ser humano con el fin de perfeccionar su sensibilidad espiritual y su discernimiento. Abrirá las dimensiones superiores, más sutiles de la vida, hasta allí presumidas para muchos pero no todavía desveladas y solo excepcionalmente accesibles a pocos.
La resurrección es el proceso de unión divina o de “crist-ali-zación” (proceso de estado de unificación en el amor del Principio Uno) que se focalizara alrededor el reconocimiento del Instructor del Mundo. Ya hemos explicado que este reconocimiento es más un evento colectivo, que se concretiza en cada uno, que un evento aislado en una sola persona con el riesgo de continuar así las viejas tendencias de sumisión y de subordinación.
Esta focalización colectiva del Principio Padre en el Espíritu del Instructor del Mundo como Principio Colectivo de Hermandad es el paso de compasión del Espíritu Uno, invocado por
muchos humanos para que la luz de la verdad de su mente divina pueda venir a la altura de la mente de cada ser humano. Es la única manera para permitir una comunicación que sea comprendida como la voz experimentada y solidaria del anciano espíritu de la humanidad (Ava (abba)-lokesvara: la voz del padre, señor del mundo que considera las llamadas o las necesidades del mundo) por su resonancia por dentro de cada uno, dispuesto a oírlo.
En realidad, el Espíritu Uno focaliza su solidaridad en los seres humanos para que reconozcan cada uno su propio papel de Instructor a su nivel. Sin esta solidaridad la espiritualidad quedará en el aire, bloqueada como un privilegio abstracto, sin hacerse concreto en todos. 
Hace dos mil años el Principio Creador era revelado al ser humano como el Padre. Nos enseñaba que en Él estamos todos “uno o cristo”. Para poder anclar ahora la solidaridad de este principio entre todos, el plan divino ha previsto que el Espíritu del Instructor del mundo se presente como el Principio de igualdad del servicio fraterno entre todos los seres humanos encarnados. Se puede comparar con los anillos de las gotas de lluvia que se alejan desde el centro a la superficie de un agua tocada por una nueva fuerza. No toca solo a una persona sino también a las personas del entorno, abiertas y preparadas. La interactividad de los círculos forma poco a poco un movimiento que tocará finalmente toda la humanidad. 


Así está previsto que la instrucción del nuevo orden luminoso se hara en grupos solidarios de hermandad entre personas de diferentes niveles. Desde el hecho que se consideran como hermanas y hermanos de una familia se dan confianza, aprendiendo a respetar el uno al otro y a  través de sus diferencias llegar a mejores relaciones de entendimiento (o acuerdos).  Estos grupos se darán cuenta que lo que viven es un resultado colectivo del pasado en cual cada uno según su potencial está comprometido para perfeccionarlo. Como nada se hace por azar, en el espíritu de la confianza solidaria se desbloquea la memoria del pasado de cada uno y el reconocimiento de hechos y de personas ya conocidos.  
Ya hemos indicado la necesidad para el ser humano de ver la vida por encima de los límites de la muerte con el fin de poder tomar las decisiones que conduzcan a las mejores coincidencias para entender y cumplir el propósito divino. Cortados de la memoria de las experiencias de nuestras encarnaciones en el pasado, somos  iguales que árboles cortados de sus raíces. Estaremos como fijados y condenados en un papel de sumisión de desigualdad, para el uno en forma de oportunidades, para el otro en forma de mala suerte. Será como una visión muy corta de la vida con una injusticia incomprensible de la parte del Principio Creador que pesa sobre nosotros, limitando extremamente la realización de nuestro potencial de igualdad, de libertad y de fraternidad divina con los demás.
En verdad, El Principio Uno del Padre es universal, inteligente y justo. Su Espíritu, en el cual existimos y participamos como individualizaciones particulares, va por encima de los límites de las condiciones formales, temporales e intensas de la manifestación. Da a cada uno un potencial que crece según su progreso en conciencia y su habilidad de responder a la cocreación. Aún siendo cada encarnación única, no obstante cuadra en ciclos de evolución permanente a la vez materiales y espirituales, individuales y colectivos, si no el universo, no podría conocer nunca una armonía y jamás podría conocer su propio crecimiento.  
Las diferentes posibilidades de relación entre las encarnaciones de los seres humanos conducen finalmente a la esencia de toda relación: somos todos por naturaleza hermanos y hermanas divinos, creados como iguales del mismo Padre. Ninguna guerra puede justificar la supremacía del uno sobre el otro.
El estado de hermano y de hermana es el estado interactivo o intermedio absoluto, presente en todos los niveles de nuestras relaciones. Es un estado solidario entre iguales, de respeto mutuo total, universal o neutro que no pone condiciones. A pesar de nuestras diferencias es un estado libre para expresar valores humanos universales como bondad, dulzura, paz, armonía, verdad, amor y sabiduría. 
A pesar de las diferentes relaciones familiares que los seres humanos puedan tener entre ellos, todos tienen el estado de ser como hermanos o hermanas del mismo origen (Padre) con la misma finalidad de vida. La palabra hermano (germà en catalán) viene de la palabra germánico de “herman, hariman” o hombre que combate y que viene del mismo germen. Por eso San Germain (asociado al espíritu de San Josep, patrón de las familias) es el patrón de la agrupación (unión) de los seres.
El estado de hermandad es un estado de conciencia que une la humanidad no sólo con la vida terrestre sino también con los diferentes niveles de los reinos del Espíritu de Luz. El propósito divino ha previsto la liberación de estas dimensiones de la vida por medio de la comunicación solidaria del Instructor Interior en cada uno. 
Debería empezar como un reconocimiento entre pequeños grupos de personas de su entorno, a través de convivencias en las cuales todos pueden participar como expresión de sus deseos y aspiraciones espirituales comunes reconocidas. No es tan importante hacer cosas extraordinarias. Es más importante liberar las tensiones y bloqueos mediante actividades simples o una creatividad simple, adaptados al momento para armonizarse con el fin de estar más unidos.  Es en la familiarización de su interactividad como puede liberarse la memoria de las almas. De esta manera debería crearse la confianza de una comunicación solidaria directa de corazón a corazón y de alma a alma, propia de las expresiones fraternales.
De esta manera debería aclararse en el futuro el principio de la inmortalidad de la vida, no solo como un proceso individual. Además para muchas personas será demasiado difícil para reconstituir los rastros de su pasado por falta de experiencias de conciencia individual cuando  sus experiencias anteriores fueron sometidas a la conciencia de la masa. Efectivamente, es al mismo tiempo la experiencia de un proceso colectivo de grupos más o menos variables de personas los que sirven como referencia del progreso espiritual a nivel individual.
Formamos finalmente familias espirituales que progresan en la fraternidad universal cósmica por encima de los límites de nuestras encarnaciones. Finalmente, es por medio de esta fraternidad como podemos progresar sobre el camino de inmortalidad hacia la unión con el Padre que el Instructor del Mundo indicaba en su encarnación del hombre Jesús. Se confirmarán así sus palabras que para llegar al Principio Uno del Padre cada uno pasará indispensablemente por el estado de las moradas de fraternidad con Él, como un  ser “cristo despierto”. Todo eso va junto con el desarrollo de la conciencia cósmica en el ser humano, previsto por el plan divino. Esta unión en la inmortalidad se revelara según el despertar de la conciencia humana en la nueva conciencia colectiva de fraternidad.
2. La Gran Transición, en el sentido propio: los cambios planetarios y de su entorno deberían facilitar la interactividad de la humanidad con las moradas cósmicas y llegar a la revelación de su propio papel en la evolución cósmica. Con el crecimiento del adolescente divino en el ser humano empieza también su iniciación, su ascensión y fusión progresiva en la vida divina de los niveles del espíritu. Concretamente  ira junto con la eterización progresiva de la materia.
Implica relativizar la importancia de la vida terrestre en función de la realización de la divinidad del ser humano a nivel del universo. Es un cambio de actitud en la mente por mantener una tensión permanente focalizando LAS REALIDADES SUPERIORES de nuestro Ser superior. Son las realidades que se juntan más en más para fusionar en el espíritu Uno. 
Este paso implica la revelación y la experiencia del espíritu humano para poder estar focalizado, presente y encarnado a la vez en diferentes niveles de la vida cósmica como el Espíritu Uno en sí mismo. Hará comprender que el camino hacia el Padre se vuelve un camino de unión y de fusión cada vez más intensas y perfectas con toda su creación en la que se reconoce a sí mismo como co-actor solidario cada vez más activo. Es un camino que acaba la transpersonalidad del  Principio Uno, por encima de todo ego divino según el principio que “el más grande es en el más pequeño e inverso”.
3. La negación: El todo conduce a la madurez de la adolescencia divina por medio de la actitud de negación: es la última etapa en la cual el ser humano volviéndose “divinidad” deja la importancia de su personalidad como referencia exclusiva. Estará dispuesto a morir a su estado de conciencia separada del Principio Uno para cumplir su mejor servicio al propósito divino del universo.
La negación es una actitud de hacer todo en el servicio de la perfección del plan divino y de abstenerse de todo lo que no es para beneficio de él.
En este momento el ser humano se vuelve un ser divino real. Ha terminado su transhumanización  y está preparado para hacer su ascensión en los niveles superiores de las moradas del Padre. Empieza su iniciación de ser divino adulto, dotado de alguna maestría de una divinidad que va expandir para participar cada vez más activamente en la creación de la Deidad Universal del Principio Uno, fusionándose.
En este Espíritu de Unión aprenderá a realizar el poner el potencial de su divinidad al servicio del todo en la dirección a poder crear su propio universo para el mayor servicio del universo central.
Damos al fin un resumen en forma de esquema de síntesis del propósito de la transición humana.

 

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De la liberación del ser humano divino nace el desapego frente las pasiones de las relaciones humanas

Del apego nace la codicia

De las justas relaciones con uno mismo, los demás y el entorno nace la gracia

De codicia nace la ira

De la gracia nace la paz interna y externa

De la ira, productora de decepción, nace la angustia

De la paz, productora de satisfacción, nace la alegría y de esta su madre: nuestra asunción espiritual

La depresión confunde la memoria, destruyendo la razón

La asunción espiritual aclara nuestra memoria por encima de la muerte, instruyéndonos en la síntesis de todos los talentos en el Principio de unión de nuestro Padre Divino: la extra-lucidez del oír, del sentir, del ver, del elegir y del discernir. Son las bases de la creación y de nuestra creatividad.

Unen nuestras pequeñas mentes con el entendimiento del amor inmenso que anima nuestro corazón con la luz del Espíritu-Madre de toda la sabiduría del Padre. Manteniendo está luz focalizada, nuestra alma se eleva hacia el Principio Padre-Madre Creador para despertarnos en la Luz de Cristo-Buda, que hace de nosotros hijos e hijas, manifestaciones de experiencias vivas de esta esta triple unión divina como, hermanos y hermanos divinos.

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