2. El corazón, un reflejo de la unión inteligente del doble movimiento de la energía universal
Hemos definido que la energía universal se produce
formando secuencias o alineaciones de
puntos virtuales de luz.
Su doble movimiento de concentración y expansión en espirales transita permanentemente su conexión con la unión original a través de vórtices que forman tetraedros que se juntan.
El tetraedro es la base geométrica de la creación. Los movimientos encadenados de la energía original se curvan en esta forma geométrica por el espacio-tiempo. Así forman bucles que llevan al doble toro del campo unificado (como explica Nassim Haramein y muestra la imagen) con al centro el punto cero de transición de la unión con el vacío del potencial original.
Cuando un embrión nace, el doble movimiento de su potencial creativo trinitario (estructuración virtual/ dinamismo transitorio/actividad de expansión inteligente) se manifieste en forma de una diversificación única de un arquetípico universal por medio de su condicionamiento en un espacio-tiempo específico. El movimiento interior del desarrollo de su potencial se transforma en movimiento de exteriorización por la manifestación de su dinamismo de evolución.
En nuestro cuerpo encontramos el reflejo de la
trinidad del doble movimiento curvado o toroidal en el corazón. Su punto
central de unión dinamiza y transciende la transformación de este doble movimiento.
Este punto se encuentra en la intersección de las cuatro cavidades. Este es el punto de anclaje del dinamismo supraluminoso
de nuestra alma. Vivimos gracias a esta luz creativa en el centro de
nuestro cuerpo de encarnación específico. Este centro une las diferentes capas
de nuestro cuerpo con la unión central, universal y original y su arquetipo.
Esta unión se mantiene y evoluciona mediante partículas cuánticas luminosas subatómicas,
llamadas taquiones (del griego: rápido, o lo que va más rápido que la luz) propias a la conciencia. Son la primera luz
después de la luz virtual o potencial de la energía original de la fuente podemos llamar sus partículas: virtuones). Por lo tanto, la conexión con esta luz y
energía espiritual es indispensable y esencial para la vida y nuestro
bienestar. Sin ella no habría conciencia.
La concentración de las taquiones en el corazón provoca in principio chispas (de virtuones) que parpadean como una estrella lejana, consecuencia de las informaciones que afectan la armonía del corazón. Luego, se convierte en un punto de luz estable (de taquiones) como de una estrella fija y luego en un sol radiante (de fotones). Es el efecto del proceso de nuestra conciencia por la acumulación de taquiones que nos acercan gradualmente del nivel cósmico de la conciencia crística de unión de la Inteligencia Original. Este centro de luz taquiónica del corazón, no directamente visible, se sitúa en el centro que une las cuatro cavidades. El corazón es pues un reflejo materializado del trono divino de la creación en nuestro cuerpo (como se describe en el capítulo 4 del libro del Apocalipsis).
Toda vida proviene de la luz inteligente, central y universal, del alma universal del Principio unificador de la creación. Su luz inteligente dinamiza nuestros corazones y vuelve a Él para conectarse con sus fuentes de vida. Así, cada manifestación material es una realización específica de esta conciencia de unión. Se reconoce más o menos esta luz inteligente según el nivel de concentración, de las condiciones de transición y de la difusión de las informaciones inteligentes que afectan el centro de unión de toda manifestación.
Nota: En nuestras conferencias nos hemos referido a este centro del corazón como el centro raya, cuyo sonido evoca muchos significados como: amigo (hindi), respeto (español), cerca de Dios o del trono (hebreo), la fuerza que vence a los demonios o dragones (asiático), o el río de la vida (sánscrito). Este es otro ejemplo de que cada palabra es un sonido con un significado múltiple que cada uno escucha de manera diferente, si no se percibe el potencial de su vibración de unión en el corazón gracias a su conexión con el alma.
Mientras las diferentes capas de nuestro cuerpo encarnado estén en construcción de unión y nuestra conciencia no esté una realidad concreta basada en el reconocimiento de la unión de la vida, el potencial de nuestro cuerpo de unión o Merkabah permanece latente, activándose de vez en cuando como chispas en nuestro corazón. Hablaremos de esto más adelante.
El corazón reúne así el potencial de la naturaleza trinitaria de nuestro ser a través de su centro de unión que interactúa con todas las capas de nuestro cuerpo encarnado gracias a su contacto más o menos intenso con el potencial de las fuentes de vida del alma. Permite que el doble movimiento de concentración y expansión de este potencial se transforme en una unión entre nuestra naturaleza espiritual-material, interior-exterior y celeste-planetaria. Este doble movimiento que difunde y refuerza el potencial luminoso del centro del corazón, se encuentra a nivel de las válvulas de la derecha y de la izquierda. Forman los vórtices del corriente de la sangre.
Existe pues una corriente entre las 4 fuerzas de inteligencia viva, existenciales o visibles de las cavidades del corazón y las 3 fuerzas de inteligencia esencial o invisible de su centro luminoso.. El conjunto de estas 7 fuerzas se armonizan verticalmente y horizontalmente con la triple armonía del potencial taquiónica de nuestra alma. Estas 7 fuerzas se describirán en la sección 3.
Imagen: Indicación inteligente del dedo del Principio Uno de la creación al dedo del ser humano (Capilla Sixtina, Roma)
Nota: Aquí está un ejercicio para que la mente aprende saltar de nivel de pensamiento para que pueda una las diferentes dimensiones de la vida que parecen todavía faltar a la relatividad de las investigaciones científicas.
En números: 3 + 4 = 7 elementos de unión (= 1) en movimiento permanente de unión (7 + 1 = 8), entre el potencial del mundo visible e invisible (1+1 = 2) para manifestarse (2 x 2 = 4), multiplicándose al infinito (2 x4 x 8= 64 = 1) como desarrollo de la fuerza de la flor de vida en elementos y esferas (los codones del ADN, los diferentes aspectos de la sexualidad...)
Acabamos de demostrar una vez más que el mundo no manifestado y manifestado son inseparables, independientemente del nivel de conciencia materializada. No podríamos existir sin esta unión de ser una experiencia específica directa del Universal Principio Inteligente de las fuentes de la creación. Somos la encarnación de su dinamismo de transición permanente a través de nuestra unión con el doble movimiento de concentración y expansión de su potencial infinito.
La experiencia concreta de esta unión es el medio único para desarrollar el potencial original transmitido por nuestra alma y realizar los niveles superiores de la conciencia de unión de los que cada uno forma parte, incluso si no lo sabe. La fe (del espíritu) sin obras está muerta (Santiago 2:26).
A medida que ascendemos en las vibraciones más sutiles de estos niveles, gracias a las experiencias de vida, nuestros espíritus revelan que son, como las células y órganos de nuestros cuerpos, entidades que ascienden en estados de unión siempre mayores. Nuestra alma (mónada con potencial específica) se une entonces con almas superiores (supermónadas con potencial unificadora) para finalmente unirse con el potencial infinito de la Entidad Única de la Gran Mónada Universal, que en realidad nunca hemos abandonado.
Nuestra razón de vivir es, por tanto, tomar conciencia de ser en transición permanente como parte integrante del doble movimiento de desarrollo del potencial creativo de las fuentes de vida. La vida es un movimiento eterno de presencia en el nacimiento de las fuentes vida y en el retorno en ellas. Su objetivo no es desencarnar para escapar de los inconvenientes de un planeta, sino lograr la unión absoluta, mistica o holística (= santa) de su Gran Principio Inteligente Uno. Aunque, en un momento dado, se podría elegir un camino espiritual especifico, mas allá de la tierra, todos los caminos deben converger en la experiencia de ser un en estado de presencia de unión absoluta, total y universal.
Somos como las plantas en la naturaleza. Tenemos
nuestras raíces en las fuentes de la vida, sin las cuales moriremos. Gracias a
este doble movimiento de exteriorización e interiorización, de ascenso y
descenso, de diversificación y fusión según los ciclos y condiciones propias a
nuestra evolución, somos lo que somos, experiencias de la vida unida. Este
principio se representa tradicionalmente con la serpiente enrollada que se
muerde la cola. Es el significado de la palabra griega ouroboros.
Este doble movimiento de concentración (interior-superior) y de difusión (exterior-inferior) transite permanente la unión original. Forman una unión general (entre lo abstracto y lo concreto) de fractales únicas que se entrecruzan cada vez más armoniosamente (como los círculos de la flor de la vida) según la unión lograda por la conciencia. Comprenderemos la importancia de nuestras condiciones de vida, nuestro estado psicológico y nuestro entorno para alcanzar esta unión. Las parábolas del grano de trigo (Juan 12:24), de las semillas que deben caer en la tierra buena (Marcos. 4-1) y de los talentos (Mateo 25:14-30) parecen muy significativas en este contexto.
Finalmente, cada uno de nosotros es un universo particular que ha surgido del universo original para manifestar el inmenso tesoro de un potencial heredado como hijo cocreador o hija cocreadora del Gran Principio Inteligente Universal, Padre-Madre Creador. El propósito es servir esta Inteligencia con todo el potencial que lleva la evolución de nuestra conciencia.
Note: En nuestro libro: Le Retour du Christ Cosmique
(SIL Edtion 2010), explicamos que el corazón forma durante nuestra encarnación
el superátomo físico de nuestra alma. Las cuatro cavidades reflejan la unión de
las 4 fuerzas vitales del alma (fuerza
creativa de unión-fusión; fuerza de reconocimiento de individualización; fuerza
transitiva de concretización y fuerza elevadora de liberación que part,
representadas por los 4 círculos blancos a partir del corazón). La unión de
estas cuatro fuerzas es la sintonía de nuestro espíritu encarnado con El Principio
Uno de su origen.
Imagen: Merkabah corregido
con el corazón en el centro
de los 2 tetraedros azules
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