Las informaciones recogidas sobre el chakra de la corona nos enseñan que
se sitúa en la cumbre de la cabeza. Contiene la materia gris de la periferia de
los hemisferios cerebrales. Otros indican de las fontanelas encima de la base
del cráneo. Se menciona también el sistema nervioso central. Tiene una noción
más espiritual y transpersonal que física.
Tenemos en el nacimiento dos fontanelas. La gran fontanela anterior y la
fontanela posterior que se cierra más rápidamente que la primera. Son en forma
de rombo. La palabra fontanela nos indica bien las fuentes invisibles (fontes) del
espíritu de nuestra vida. Son en principio como membranas o puertas. La forma
del rombo es efectivamente como una ventana celeste. Se refiere a la bajada
(involución) y subida (evolución) de las energías que forman en nuestro cuerpo dos
triángulos o pirámides multidimensionales invertidas. De su fusión sale la imagen
de la estrella de David. Lo encontramos también en la representación tridimensional
del merkaba.
Concretamente, situamos el centro de la puerta del chakra de la corona en
el nivel de la fontanela anterior, sobre el cráneo un poco detrás su centro,
encima de la de columna vertebral y de la parte atrás de las orejas. Parece
corresponder al punto “Baihui” de
armonización de todas las (100) energías, donde se juntan los meridianos de la
acupuntura.
En realidad, su función es interconectar las energías de nuestros chakras,
y también conectar su conjunto con el mundo multidimensional de nuestro
espíritu que incluye mucho más que nuestro espíritu individualizado.
Como todo chakra, tiene más de un centro. Pero en el nivel de la corona es
más amplio porque su función de interactividad con las otras dimensiones
energéticas es más extensa. Su potencial de interactividad es holística y viva.
Su papel es unir los demás chakras y sus dimensiones por encima de su función
específica de manera viva, como las barritas de la memoria viva de un ordenador. Está claro que desarrollar este potencial forma parte del
plan del desarrollo de la evolución humana, su perfección física, emocional,
mental y espiritual.
La historia humana nos da indicaciones preciosas sobre este desarrollo en
la manera en que el ser humano cubría su cabeza en el tiempo (también barette,
barretina). Así los romanos cubrían a sus héroes con una corona de laurel,
símbolo de la victoria. Los reyes se instalaban mediante su coronación, símbolo
de la gloria de su autoridad sobre todos. Los eclesiásticos se cubren de tocas
que indican su conexión con el mundo espiritual y divino (tiara del papa, mitra
del obispo o la pandita de los budistas).
Lo más significativo nos daba la coronación de Jesús. Recibía una corona
de espinas. Simbolizaba la incomprensión de su entorno. Los condicionamientos mentales
limitaban a la mente humana comprender y aceptar la unión de su espíritu humano
con el Espíritu Padre Creador que se
manifiesta en el hijo del hombre como El Espíritu Uno de Cristo de Amor. Era la
costumbre primitiva de sacrificar a los que no vivían según las normas. Desde
esta incomprensión, el sacrificio de Jesús se convertía en una manera de
recibir la gracia del mundo divino. Muchas veces se manifiesta así.

Si, la conciencia no se
concentra solo en la cabeza sino en y alrededor de todo el cuerpo, ya sabemos
desde hace muchos años que la cabeza funciona como el mecanismo del ordenador (como
entidad), que es nuestro
ser espiritual y del que nuestro cuerpo físico forma la tarjeta madre en la cual
están puestos los diferentes elementos para su funcionamiento. Nuestro espíritu
manda a nuestra alma exteriorizarse en un cuerpo. Lo que nuestros sistemas
corporales y sutiles no pueden programar no podemos manifestar. Es decir, hace falta
que el alma alumbre la línea de luz de su potencial y experiencias, conectándose
a través de la cabeza con el corazón, para que nuestra conciencia se despierte
y se materialice de una manera viva.

Desde que el hombre empieza a responder a la llamada del Espíritu de
Amor, las energías del cuerpo comienzan a elevarse. Es decir la corriente evolutiva (subiendo) en
nuestro cuerpo se vuelve más interactiva con la corriente involutiva,
provocando una elevación de nuestra vibración atómica. Estimula en primera
instancia el despertar de la conciencia individual, afinando nuestra
sensibilidad y perfeccionando la evolución de nuestro cuerpo mental y sus
capacidades de percibir, interpretar y comprender. Con el tiempo todo ello tiene
un efecto de interiorización
espiritual que conducirá finalmente a quitar al hombre toda forma de sombrero
para expresar su nueva libertad que se encuentra también en la manera de tratar
su cabello.
Este proceso de individualización debía conducirnos hasta la crisis
actual de la división por el individualismo. Nos llama a una nueva visión
holística que abre una perspectiva hacia un
nuevo orden de unión. Mientras tanto, el centro del chakra de la corona se
abre más y más, permitiendo acercar el centro “alta mayor” del alma por encima
de la cabeza con nuestro cuerpo encarnado.
Efectivamente, el cerebro humano está, desde joven, mucho más
estimulado y se vuelve más interactivo. Pone en marcha una crisis del sentido y
de la autoridad en la vida. Conduce hacía un proceso de reprogramaciones mentales
que se pueden encontrar entre otras en reacciones cutáneas a nivel del cuero
cabelludo, a nivel del equilibrio y del cuello o por medio de migrañas. Estos
fenómenos pueden mostrarse violentos. Son a menudo reacciones en cadena frente a
los cambios de la cualidad de las vibraciones energéticas en el cuerpo. Es una
acumulación interactiva en el bien o en el mal, entre causas y cambios de
diferentes clases como: alimentación, movimiento, estrés, emociones, nuevas
comprensiones, hábitat...
Formando antes solo un pequeño centro, la intensificación de la energía
de luz de la conciencia se expande mediante la activación de más zonas cada vez
o centros energéticos en la parte alta
del cráneo. Corresponde a una actividad más intensa de diferentes partes del cerebro.
Casi invisibles, puntos nuevos se despiertan de esta manera alrededor del
centro original del chakra coronal. Nos revelan la evolución energética y
espiritual del arquetipo humano. En fin, estos tiempos de activación energética
estimulan la comprensión progresiva en la que cada uno forma parte de un todo
como un “servidor inteligente” o instrumento de servicio. Es la
consecuencia de una nueva visión que se revela sobre una realidad de vida más
abierta, más completa, holística y clara. Las viejas creencias se vuelven más irreales,
limitadas y obsoletas. Se desnudan de sus ilusiones y de la fantasía de una
mente infantil que necesita de un idioma simplificado y de una autoridad con sus
referencias propias para poder situarse.

Llegados a este punto de transformación mental el chakra de la corona y
su funcionamiento ganan en importancia. Hace unos veinte años, investigando el
reflejo de los chakras en dibujos de la cabeza, nos venían diferentes puntos, la
mayor parte en doble, haciendo referencia a ambos lados de la cabeza. De este
razonamiento salían por lo pronto tres circuitos evocando la imagen de un ser
humano en postura de meditación como el Buda. La vida es un libro abierto con
referencias significativas, adaptadas a cada manifestación.
Durante los últimos meses y años nos llegaba una elaboración más
completa que estamos comprobando con talleres prácticos. Al final nos hemos
dado cuenta que se activaba una doble serie de 14 puntos o más bien zonas que
reflejan la interiorización y exteriorización de los centros energéticos
(chakras) del cuerpo con el despertar de la nueva conciencia espiritual
individual y colectiva de unión. El conjunto forma como dos anillos alrededor
del cráneo. Expresa la alianza entre el dominio del espíritu (ser divino) y la
sumisión de la forma (personalidad) que se crea mediante la activación de ambos,
conduciendo a una interactividad más intensa.
Efectivamente, hemos notado que esta activación es en primera instancia
el resultado de la estimulación interactiva
de todo el cerebro a través de los sentidos, sobre todo mediante las ondas de
luz (luz eléctrica, ordenador y cambio de la luz del sol…) que son portadoras
de información inteligente. Después sigue el impacto de las ondas auditivas (radio,
música, teléfono, ruidos mecánicos…) que cortan los biorritmos y ritmos
energéticos de nuestros cuerpos. Después siguen los demás sentidos. Si, nuestra sociedad moderna aparece a menudo como un dragón de fuerzas caóticas, todo
se crea desde la (con)fusión del caos.
Esta activación intensifica la conexión con el centro solar de nuestra
alma encima de la cabeza, que llamamos el centro alta mayor. Abre la
relación entre alma, cerebro y corazón para alumbrar su luz dorada en el corazón.
Esta relación forma el camino de la
revelación. Es como un túnel. Es, desde el momento de su apertura cuando
empezamos la alianza divina o “partenariado
fraternal” con el Espíritu de Verdad
del Cristo dentro de nosotros. Es un acuerdo espiritual que eleva nuestra conciencia por encima de
los límites de nuestra personalidad hacia la verdadera naturaleza divina de
nuestro Ser Superior. Desde esta revelación, como efecto del contacto con
nuestra alma, podemos elegir entrar en un proceso de armonía que nos lleva
hacia una unión superior con toda la
Vida, liberando nuestra memoria espiritual sacando progresivamente las espinas
de nuestras dualidades, separaciones, conflictos, sufrimientos, condicionamientos
y límites físicos, emocionales, mentales, incluso espirituales.
Así, en la medida en que se despierte nuestra conciencia de unión con
el mundo del espíritu Uno, el chakra de
la corona se expande desde su centro en dos círculos, armonizándose con el
disco esférico del alma. Funciona como un diafragma de luz (como en un aparato fotográfico)
que se abre progresivamente, a menudo y por momentos de repente. Filtra las
diferentes fuerzas luminosas espirituales que se presentan como una luz
transcendente que se divide en 7 rayos (de colores y sonidos) como el efecto de
un prisma. Según esta filtración estas fuerzas
estarán más o menos presentes en nuestro cuerpo y de una manera más o
menos armoniosa. Forman la base de nuestra vida y sus experiencias. Se reflejan
a través de nuestras expresiones por medio de nuestros chakras. Indican el
trabajo específico de armonización que está el desafío de la vida de nuestro
espíritu en su encarnación actual.

Entonces, la expansión del chakra de la corona no nos parece solo un
reflejo de la evolución del ser humano en su conexión con sus cuerpos de
encarnación sino también un reflejo del proceso de los estados de nuestra alma y
la conexión de su espíritu con las realidades y estados de conciencia superior.
Por medio de nuestras investigaciones hemos experimentado la apertura de los
diferentes puntos más allá del centro de la fontanela anterior.
Nuestras
experiencias muestran que hay tres planos de expansión en el chakra coronario. Nos hace pensar en la alta mitra papal (tiara o
triregnum) o lqa del rey escita Saitafernes de Crimea que indican los tres
niveles de reinos de vida: el reino físico, espiritual y divino:
- el plano más elevado en el centro: es el plano divino de la conexión
con nuestra alma y su Principio Creador
Inteligente Universal de Amor. En
este nivel entra y sale el hilo o cuerda de
oro de la vida por cual pasa la luz del espíritu para encarnarse o
desencarnarse. Es un túnel, o más bien un campo de luz de irradiación en los
tonos de azul-violeta-blanco irisado, según la intensidad de la unión alcanzada
por nuestro Ser Superior con las realidades superiores de la Gran Vida Una
Crística.
- el plano intermedio del cráneo:
es el plano de interiorización (sephiroth) de nuestra evolución espiritual y divina. Se
sitúa más allá de la curva del cráneo. Une los diferentes puntos o zonas que
reflejan los chakras por pares opuestos, excepto el cóccix. Forma el corazón del
árbol de la vida o también el sephiroth, los centros de emanación de las
potencias de nuestro espíritu. Podemos traducir estas potencias como las
virtudes principales: bondad, suavidad, paz, armonía, verdad, amor y sabiduría.
Estas potencias o fuerzas espirituales guían y valorizan nuestras experiencias
de vida y son estimulados por nuestra relación con los elementos del sistema
solar y su fuerza energética central
(Kundalini).
- el plano exterior del cráneo: es el plano de la exteriorización de nuestra evolución espiritual.
Se sitúa en la curva del cráneo donde se apoyan
las coronas de los reyes y otras personas. Aquí también los puntos o
zonas que reflejan los chakras están doblados, excepto el punto más frontal del
coronal mismo. Indican nuestra relación con el mundo exterior y la evolución de
nuestra consciencia con, por y en el otro. Estos puntos y su interactividad circular
están estimulados por nuestra conexión con los centros energéticos (Antares,
Gemma, Thuban, Polaris, Capella, Sirio, Canopes) de la galaxia y su fuerza central (Kundalini) y
también con las energías arquetípicas de la conciencia que se concretan a
través los 12 signos del zodiaco y cuyo reflejo es nuestro nivel de conciencia.
La individualización y activación de estos diferentes puntos suponen
armonizar los diferentes niveles de nuestro cuerpo y sus centros energéticos.
Permite a nuestro espíritu individualizado situarse y reconocer su papel de
servicio en el conjunto planetario, incluso cósmico. Sobre todo facilita la perfección de la
percepción de nuestro cuerpo mental permitiéndonos entrar en el mundo del
mental superior y entrar en los acuerdos cuánticos de unión de las dimensiones
superiores del plan divino.
En la medida en que nuestra conciencia se abre, la vida nos parece como
un libro abierto. Nos enseña que todo
tiene un sentido y transmite una enseñanza para entrar en un mundo, que es a la
vez más global, verdadero y sutil. Ya hemos mencionado que las diferentes formas
para cubrir la cabeza evocan la evolución de las energías del chakra coronario
del hombre culto.
Sin embargo, está claro que llevar estos objetos no es una garantía
para la cualidad del chakra de la corona y del acuerdo alcanzado con el
Espíritu Uno. El ser humano da a los objetos que son la expresión de una
confirmación de unión superior un valor sagrado. Es decir se vuelven puros,
inviolables y totalmente protegidos. No obstante, la fuerza de la persona sacralizada,
ya sea por la coronación real o la ordenación sacerdotal, depende de su actitud
espiritual el poder entrar en el nuevo orden de unión superior y además poder
expresarlo mediante actos que expresan las dimensiones
del nuevo acuerdo alcanzadas en el conjunto. Su verdadera fuerza no depende
entonces del símbolo que se pone sobre la cabeza.
La verdad de la fuerza del Espíritu es viva. Son, los actos los que
demuestran su verdad. Transcienden todos los símbolos. Los símbolos son siempre
pasajeros según las condiciones del tiempo. Los objetos sagrados son como
flores. Son efímeros. Por contra, el Espíritu es por esencia sagrado porque es uno
e inmortal. Nuestro chakra coronario es como una foto momentánea e instantánea,
la memoria viva de nuestras realizaciones en, por y con el Espíritu de Unión. Cuando
irradiamos unión no necesitamos objetos para expresarlo. Tienen el peligro de
acentuar la importancia del ego en lugar del Espíritu del Uno. Somos las
primeras formas sagradas de la vida. Cada distinción contiene el peligro de
separarnos del Espíritu Sagrado de la vida. Así podemos decir que el chakra de
la corona está conectado con la expresión del Espíritu de Verdad. La verdad de ser
en el amor del Uno es nuestra esencia más sagrada.
La expansión del chakra de
la corona parece que también es muy importante para la apertura del sexto
chakra. Se sitúa en el centro de la cabeza. Llamamos a este centro “alta menor” como la contraparte
materializada del centro “alta mayor”
del alma encima de la cabeza. Funciona como el procesador de síntesis de la memoria viva de nuestro chakra de la corona.
Estimula la interactividad de todas las partes del cerebro, y a medida que
nuestro cuerpo mental se perfecciona el chakra de la corona puede unir todas
informaciones de las diferentes dimensiones de nuestro cuerpo como memoria
viva. De la capacidad de nuestro chakra de la corona para realizar la unión o
acuerdo entre las diferentes informaciones, depende nuestra visión más o menos
holística, una visión más o menos elaborada y expresiones más adecuadas y
auténticas y menos automáticas. Es decir, de la capacidad del chakra de la corona
para unir, depende también la capacidad del cerebro para interconectar más o
menos todos los funcionamientos del cerebro y crear el punto de iluminación de la información multidimensional de
comprensión en su centro. Esta
iluminación es la que nos da una comprensión conforme a la inteligencia divina
que comprende el corazón, pero no la mente concreta limitada.
¿Qué hacer para desarrollar la expansión del chakra de la corona? La
respuesta es simple: seguir un estilo de vida que conduce hacia la
visión holística de síntesis. Es decir, conduce hacia acuerdos de unión dentro
las diferencias y no hacia la división, la separación y la exclusión. Incluye
nuestra manera de vivir, de comer, de descansar, de vestir, de trabajar, de pensar,
de actuar y de hablar. Concretamente es compartir, convivir, colaborar y
comunicar de manera solidaria con todos aquellos que quieren crear de manera
libre, como hermanos y hermanas iguales, un nuevo orden de belleza mediante el
dinamismo de su unión en respeto mutuo. Así es como funciona y se perfecciona
el chakra de la corona.
La prueba que muestra
que el desarrollo del chakra de la corona de una persona avanza, se muestra en
la cualidad de sus actos, palabras y pensamientos. Valorizan la vida como una
celebración de valores. Testifican el amor incondicional que permanece en la
forma de inteligencia creativa que es lo propio de la sabiduría.
El desarrollo del chakra de la corona es de
importancia capital para nuestra vida. En realidad, es el que canaliza las energías que vienen del plano sutil del alma y que determinan el grado de nuestra
encarnación. De manera que estas energías se relacionan con las energías de
la manifestación y según la intensidad que tienen un impacto en ellas, nuestro
espíritu es más o menos presente en la dimensión planetaria o queda más o menos
en otros planos En realidad es el
Espíritu Uno que se manifiesta a través nuestras encarnaciones. Nuestras
experiencias forman la realización del potencial de sus experiencias.
A través nuestras experiencias aprendemos que el
desarrollo del chakra de la corona y su funcionamiento influye mucho en la
manera que estemos encarnados. La focalización del Espíritu de nuestro Ser
superior sobre nuestra personalidad tiene un efecto diferente según la
penetración de las energías espirituales en nuestros cuerpos de encarnación.
Además afecta a nuestra conciencia del
Espíritu Uno dentro de nosotros y nuestra conexión con El. Es diferente
según su condicionamiento, filtración u obstrucción.
La filtración de las energías espirituales a
nivel del chakra de la corona explica entonces que todos estamos encarnados de
manera diferente o presentes en la tierra. Elegimos un lugar bajo la luz
creativa divina en un cuerpo que se identifica con más o menos resistencias
según el nivel de transición (las
experiencias) que nuestro espíritu
ha realizado ya en el potencial del Espíritu Uno. Así nos encarnamos literalmente
bajo la luz del sol, más o menos filtrado por la fuerza armonizante de las
nubes (resistencias).
También esta filtración explica la dificultad
para aceptar y comprender las diferencias de nuestras encarnaciones con el fin
de poder crear la armonía que nos
lleva de nuevo hacia las fuentes de vida de la Unión Original de nuestro Paraíso común perdido.
Aclara también que el Principio Uno de nuestros
espíritus, a pesar de que esté presente, no se muestra en cada encarnación de
la misma manera. El origen de nuestros espíritus individualizados queda de
verdad siempre igual y sacamos siempre toda fuerza potencial del mismo.
Esta diferenciación forma parte del plan divino y
su desarrollo. Es la base de nuestra libertad de experimentar nuestro potencial
original común de manera propia y con un papel propio. Esta riqueza de
diferenciación crea la tensión del desafío de nuestras encarnaciones con el fin
de encontrar a través ella la unión y la verdad del Espíritu Uno. Es justamente
porque lo propio de la creación es que
todo a todos los niveles de lo creado sirve a Su Creador. Encontrar la
unión en las diferencias es justamente el papel del chakra de la corona.
Por medio del chakra de la corona es cómo podemos
entrar en la unión con nuestro Ser Superior y su Principio Creador Universal.
En el entrar en su unión está la magia
de la vida, está nuestra conexión con nuestro arquetipo etérico-espiritual
y su luz sanadora crística (la llama violeta). Nos reconecta mediante el despertar de nuestra conciencia
espiritual con el potencial de amor y sabiduría del Ser Único y universal
de Cristo.
Desde estas observaciones de nuestra conexión con
nuestro Ser Superior viene muy natural la tendencia de dirigir nuestra atención hacia la cumbre de nuestra cabeza. Nos hace
falta poco a poco desarrollar una tensión de conexión más duradera, sin
forzarla todavía.
Esta actitud de conexión acerca nuestra
personalidad al Espíritu de nuestro Ser Superior y focaliza su conciencia de
manera que se hace más presente,
impersonal y universal. Así el impacto del “yo de separación” de nuestra
personalidad se relativiza y se alinea. Empezamos entonces a vivir desde la
voluntad del Espíritu Uno, el Padre, desde la perfección de arriba y menos
desde los deseos de abajo.
Además, estimulando de esta manera el chakra de
la corona, el Espíritu de nuestro Ser Superior se abre a la fuerza de la Verdad Omnipresente del Espíritu Uno. El tiempo se nota más y más como trans-temporal a los límites y
condicionamientos de la manifestación. Nuestras percepciones empiezan a liberar
cada vez más el sentido multidimensional de sus informaciones. Todo se vuelve
más inteligible y coherente. La mente concreta no puede captarlo, ni aceptarlo
sin tener un sentimiento de que sus esquemas se rompen y que pierde toda
referencia conocida. Cae en depresión.
En esta evolución las experiencias de nuestro
espíritu encarnado se convierten en momentos de expansión infinita por encima de la muerte, por encima de los límites
de la manifestación en las formas. De esta manera se revela el aspecto
inmortal de nuestro espíritu, liberando la memoria que fue encerrada detrás de
los límites aparentes de nuestros cuerpos de encarnación. Entramos entonces en
nuestra resurrección por encima de los
muertos.
La vida aparece cada vez más como un flujo inteligente que se construye
sobre una línea de coincidencias más y más armoniosas e inteligibles. La noción
de fatalidad se sustituye por profundos sentimientos de libertad, de confianza
y de ser ayudado y guiado. Efectivamente el mundo del espíritu es por esencia
más solidario y cooperativo que el mundo material.
Vienen siempre más soluciones y una visión y
línea de vida cada vez más claras.
La vida se vuelve como una revelación y
experiencia de su propia fuerza y potencial del hecho de ser profundamente una.
Los problemas y resistencias existen solo por causa de la perdición de la
relación con el prójimo. Se disuelven cuando reciben de nuevo su referencia en
el conjunto.
En este contexto nuestras experiencias se
convierten también en las experiencias para los demás y lo contrario. Nuestra
interactividad y solidaridad con todos y el todo se engrandece. Realmente se
crea la auténtica actitud de fraternidad
que cultiva la cooperación entre socios iguales, la convivencia respetuosa, la
colaboración en apoyo mutuo y la comunicación directa, franca y abierta al
servicio del mayor bien de la vida del conjunto y de cada uno. Un verdadero proceso de fusión con el Espíritu Uno
se pone en marcha.
Finalmente, la importancia de nuestra
personalidad se relativiza como papel de servicio propio al mayor bien del
conjunto. No hace falta ya defender más la personalidad sino que se mostrará la verdadera naturaleza de este servicio
reconocido. La pequeña mente humana no puede valorarlo correctamente por el hecho de que lo ve todo de manera
separada y dualista, el uno como amenaza al otro, en la doble perspectiva de la
ganancia material y personal que nos separa el uno del otro y nos coloca por encima
o por debajo de los demás.
El trabajo de concienciación con el chakra de la corona
es un trabajo de romper los esquemas de nuestra pequeña mente humana. Es un
trabajo de síntesis, de poner todo en el conjunto. No es un trabajo mediante
aspiración sino de búsqueda concreta de armonía y de unión en la vida de cada
momento. No soporta la sumisión o la dominación, sino que pide la flexibilidad
de abertura del espíritu, de paciencia hacia los resultados, de perdón frente a
los errores y compasión frente a las
andanzas. Es el camino de nuestro renacimiento sin fin, de nuestra resurrección
continua en el Espíritu Uno de Verdad, de la victoria de la vida eterna sobre
toda muerte pasajera.

El desarrollo del chakra de la corona es de
importancia capital para nuestra vida. En realidad, es el que canaliza las energías que vienen del plano sutil del alma y que determinan el grado de nuestra
encarnación. De manera que estas energías se relacionan con las energías de
la manifestación y según la intensidad que tienen un impacto en ellas, nuestro
espíritu es más o menos presente en la dimensión planetaria o queda más o menos
en otros planos En realidad es el
Espíritu Uno que se manifiesta a través nuestras encarnaciones. Nuestras
experiencias forman la realización del potencial de sus experiencias.
A través nuestras experiencias aprendemos que el
desarrollo del chakra de la corona y su funcionamiento influye mucho en la
manera que estemos encarnados. La focalización del Espíritu de nuestro Ser
superior sobre nuestra personalidad tiene un efecto diferente según la
penetración de las energías espirituales en nuestros cuerpos de encarnación.
Además afecta a nuestra conciencia del
Espíritu Uno dentro de nosotros y nuestra conexión con El. Es diferente
según su condicionamiento, filtración u obstrucción.
La filtración de las energías espirituales a
nivel del chakra de la corona explica entonces que todos estamos encarnados de
manera diferente o presentes en la tierra. Elegimos un lugar bajo la luz
creativa divina en un cuerpo que se identifica con más o menos resistencias
según el nivel de transición (las
experiencias) que nuestro espíritu
ha realizado ya en el potencial del Espíritu Uno. Así nos encarnamos literalmente
bajo la luz del sol, más o menos filtrado por la fuerza armonizante de las
nubes (resistencias).
También esta filtración explica la dificultad
para aceptar y comprender las diferencias de nuestras encarnaciones con el fin
de poder crear la armonía que nos
lleva de nuevo hacia las fuentes de vida de la Unión Original de nuestro Paraíso común perdido.
Aclara también que el Principio Uno de nuestros
espíritus, a pesar de que esté presente, no se muestra en cada encarnación de
la misma manera. El origen de nuestros espíritus individualizados queda de
verdad siempre igual y sacamos siempre toda fuerza potencial del mismo.
Esta diferenciación forma parte del plan divino y
su desarrollo. Es la base de nuestra libertad de experimentar nuestro potencial
original común de manera propia y con un papel propio. Esta riqueza de
diferenciación crea la tensión del desafío de nuestras encarnaciones con el fin
de encontrar a través ella la unión y la verdad del Espíritu Uno. Es justamente
porque lo propio de la creación es que
todo a todos los niveles de lo creado sirve a Su Creador. Encontrar la
unión en las diferencias es justamente el papel del chakra de la corona.
Por medio del chakra de la corona es cómo podemos
entrar en la unión con nuestro Ser Superior y su Principio Creador Universal.
En el entrar en su unión está la magia
de la vida, está nuestra conexión con nuestro arquetipo etérico-espiritual
y su luz sanadora crística (la llama violeta). Nos reconecta mediante el despertar de nuestra conciencia
espiritual con el potencial de amor y sabiduría del Ser Único y universal
de Cristo.
Desde estas observaciones de nuestra conexión con
nuestro Ser Superior viene muy natural la tendencia de dirigir nuestra atención hacia la cumbre de nuestra cabeza. Nos hace
falta poco a poco desarrollar una tensión de conexión más duradera, sin
forzarla todavía.
Esta actitud de conexión acerca nuestra
personalidad al Espíritu de nuestro Ser Superior y focaliza su conciencia de
manera que se hace más presente,
impersonal y universal. Así el impacto del “yo de separación” de nuestra
personalidad se relativiza y se alinea. Empezamos entonces a vivir desde la
voluntad del Espíritu Uno, el Padre, desde la perfección de arriba y menos
desde los deseos de abajo.
Además, estimulando de esta manera el chakra de
la corona, el Espíritu de nuestro Ser Superior se abre a la fuerza de la Verdad Omnipresente del Espíritu Uno. El tiempo se nota más y más como trans-temporal a los límites y
condicionamientos de la manifestación. Nuestras percepciones empiezan a liberar
cada vez más el sentido multidimensional de sus informaciones. Todo se vuelve
más inteligible y coherente. La mente concreta no puede captarlo, ni aceptarlo
sin tener un sentimiento de que sus esquemas se rompen y que pierde toda
referencia conocida. Cae en depresión.
En esta evolución las experiencias de nuestro
espíritu encarnado se convierten en momentos de expansión infinita por encima de la muerte, por encima de los límites
de la manifestación en las formas. De esta manera se revela el aspecto
inmortal de nuestro espíritu, liberando la memoria que fue encerrada detrás de
los límites aparentes de nuestros cuerpos de encarnación. Entramos entonces en
nuestra resurrección por encima de los
muertos.
La vida aparece cada vez más como un flujo inteligente que se construye
sobre una línea de coincidencias más y más armoniosas e inteligibles. La noción
de fatalidad se sustituye por profundos sentimientos de libertad, de confianza
y de ser ayudado y guiado. Efectivamente el mundo del espíritu es por esencia
más solidario y cooperativo que el mundo material.
Vienen siempre más soluciones y una visión y
línea de vida cada vez más claras.
La vida se vuelve como una revelación y
experiencia de su propia fuerza y potencial del hecho de ser profundamente una.
Los problemas y resistencias existen solo por causa de la perdición de la
relación con el prójimo. Se disuelven cuando reciben de nuevo su referencia en
el conjunto.
En este contexto nuestras experiencias se
convierten también en las experiencias para los demás y lo contrario. Nuestra
interactividad y solidaridad con todos y el todo se engrandece. Realmente se
crea la auténtica actitud de fraternidad
que cultiva la cooperación entre socios iguales, la convivencia respetuosa, la
colaboración en apoyo mutuo y la comunicación directa, franca y abierta al
servicio del mayor bien de la vida del conjunto y de cada uno. Un verdadero proceso de fusión con el Espíritu Uno
se pone en marcha.
Finalmente, la importancia de nuestra
personalidad se relativiza como papel de servicio propio al mayor bien del
conjunto. No hace falta ya defender más la personalidad sino que se mostrará la verdadera naturaleza de este servicio
reconocido. La pequeña mente humana no puede valorarlo correctamente por el hecho de que lo ve todo de manera
separada y dualista, el uno como amenaza al otro, en la doble perspectiva de la
ganancia material y personal que nos separa el uno del otro y nos coloca por encima
o por debajo de los demás.
El trabajo de concienciación con el chakra de la corona
es un trabajo de romper los esquemas de nuestra pequeña mente humana. Es un
trabajo de síntesis, de poner todo en el conjunto. No es un trabajo mediante
aspiración sino de búsqueda concreta de armonía y de unión en la vida de cada
momento. No soporta la sumisión o la dominación, sino que pide la flexibilidad
de abertura del espíritu, de paciencia hacia los resultados, de perdón frente a
los errores y compasión frente a las
andanzas. Es el camino de nuestro renacimiento sin fin, de nuestra resurrección
continua en el Espíritu Uno de Verdad, de la victoria de la vida eterna sobre
toda muerte pasajera.
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