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La puerta de Shamballah (el corazón: la habitación de Dios)


Blog para promover un movimiento interactivo en el marco del trabajo de síntesis, presentado como Pangeosis.
El trabajo de síntesis se concibe para liberar la conciencia
colectiva. Se basa en el conocimiento y el control de la energía universal.
Se refiere a cada ser humano y a su responsabilidad.
Recurre especialmente a los líderes: políticas, sociales, económicos, profesionales, científicos, educativos y sanitarios y espirituales y religiosos.

Charlas-talleres-conferencias-armonizaciones

Convivencia de Pascua en abril: Almenara de Tormes (Salamanca)

en la casa de formación de los misioneros de la providencia

organización: Iñaki Mendizabal/Irun.

A consultar

En el blog de la escuela universal de la vida:

2016 A la puerta de la Gran Transición

jueves, 21 de marzo de 2013

El camino de la coherencia:

Las reglas para los guías y servidores del mundo: parte 1


Aquí están los 7 niveles hacia la coherencia que siguen como las distintas envolturas de nuestro cuerpo. Dedujimos de estos niveles 7 reglas de conducta hacia la coherencia. Es una elaboración de lo que se trató parcialmente como tema en las últimas conferencias en el mes de enero de 2013 en España (País Vasco y Cataluña). Hemos complementado con las ideas para la formación de los nuevos guías de la humanidad, que tenemos como proyecto.
Estos 7 niveles tienen una relación con los 7 centros (lámparas) de energía en nuestro cuerpo con los cuales se conectan 7 esferas o envolturas energéticas de naturaleza vibratoria diferente.
Los 4 primeros niveles se refieren a nuestro comportamiento más concreto y más directo y expresan en qué nivel somos capaces de realizar nuestra coherencia en la materia (y nuestro cuerpo) que dirigimos (nivel 1, coxis, base, conocimientos y manipulación de las energías), la sensibilidad que tenemos hacia los cambios de las condiciones de la vida en el tiempo (nivel 2, sacro, atracción, repulsión, pasiones y retenciones o miedos), la fuerza e inteligencia que son capaces de expresar (nivel 3, plexo, estructuración mental de la información) y por fin del sentido o la inteligencia de estructuración que tenemos para unir todas estas capacidades en un acuerdo de armonía (nivel 4, corazón, visión espirituales).
El cuarto nivel es en realidad el primer nivel de la coherencia espiritual. Es el intermediario o el mediador de la unión entre los 3 niveles superiores y los 3 niveles inferiores.
Los 3 niveles superiores son más abstractos y más universales y dan a los 3 primeros niveles valores más universales. Son respectivamente: el nivel 5 del causal (garganta), el nivel 6 afectivo o relacional (centro cabeza) y el nivel 7 divino o creativo de la coherencia global (centro coronal). Hay una relación muy significativa entre los pares opuestos de los niveles 1 (coxis en nuestro cuerpo) y 7 (corona de la cabeza), 2 (sacro) y 6 (centro interior de la cabeza) y 3  (plexo) y 5 (garganta) por medio del nivel 4 (el corazón en nuestro cuerpo). Sus normas de coherencia son complementarias.  En el nivel 7, también llamado “átmico”, todos los demás niveles convergen. Según su unión en conciencia, fusionan con el nivel (8) absoluto e infinito del alma, para recibir con fuerza el soplo de la vida (atma - adem/adam).  
Nota: Estas relaciones de pares opuestos o complementarios forman 3 veces la cifra 8 (o el símbolo del movimiento trinitario de la perfección sin fin). A su vez, forman juntas con el intermediario del nivel 4, el aspecto pluridimensional del número 12 (o los 4 niveles vivos en su triple manifestación a través de 12 arquetipos de conciencia o familias de conciencia). Al mismo tiempo la realización de la unión de las 3 veces 8 al 24 indica la unión entre cuerpo (tierra) y espíritu (cielo) en torno al del 4, el corazón (sol o espíritu) central que es la manifestación material del alma en forma de un superátomo.
 1.      El primer nivel corresponde a la dimensión espacio
       con sus formas materiales más o menos densas, como nuestro cuerpo físico.

Ser coherente en este nivel depende de la manera que seamos capaces de expresar “la bondad”, es dar lo que la vida nos da.

Todo lo que recibimos darlo en un mismo espacio del universo, según nuestro lugar de servicio ya que podemos volver allá.

El compartir según nuestras posibilidades de servicio es la condición de la abundancia que sólo existe realmente a nivel colectivo. Acumular para sí es retirar elementos de los circuitos de la vida, lo que es vital para su evolución. Eso conduce al agotamiento de los recursos y a un bloqueo o separación de “las aguas de las fuentes de vida”.
Eso nos da la regla básica de la coherencia:                                                                              “comparto lo que recibo, según mi potencial y necesidades esenciales”

A nivel del liderazgo:
« Yo hago aquello que los demás no pueden hacer, pero no hago aquello que pueden hacer 

La primera responsabilidad del líder es indicar a los demás los medios y las fuentes para que puedan servirse del potencial que recibieron para remediar a sus necesidades. No es tomar el lugar del otro y crear así desigualdades, dependencias, monopolios y privilegios o una sobrecarga aplastante. Lleva según su potencial, solamente las cargas que otros no pueden llevar.

        El primer papel del líder es convertir las relaciones en más equitativas respetando e indicando el potencial de cada uno. La estabilidad de un poder no depende de su soberanía sino de la participación de todos. Es el secreto de la energía del universo y su Creador.

         El objetivo del líder no es ganar en influencia, renombre o poder sino ser el que muestra las posibilidades y las relaciones o los vínculos que faltan y que de esa manera causan problemas. Plantear un problema en su justo contexto lo hace desaparecer. (Sintonía es: poner sobre el justo nivel vibratorio del conjunto).

Un líder es:un gentilhombre que llama siempre la atención sobre la bondad en otros, pero no hace nunca publicidad sobre sus faltas.(Confucio)                                                                                                                                                                      

 2.        El segundo nivel corresponde a la dimensión tiempo
o la transición de las condiciones de vida que se presentan sucesivamente y que experimentamos a través de las emociones, percibidas según nuestra sensibilidad.
El cambio de las condiciones de la vida son el efecto de las atracciones y repulsiones de la energía del universo que influimos mutuamente según nuestro comportamiento. Todavía somos muy ignorantes a este respecto.

Ser coherente en este nivel depende de la manera que seamos capaces de expresar “la belleza de la suavidad de la vida” a pesar de los cambios en nuestro ambiente,
 es: tranquilizar y sentirse protegido en todas las circunstancias.

Esta suavidad depende directamente del control de nuestros sentimientos primarios y automáticos como la atracción, la repulsión, la pasión y el miedo. El control de sí mismo supone una autodisciplina para canalizar las fuerzas ciegas, que percibimos y que los invaden, hacia su liberación. Es como canalizar un río con sus crecidas y sequías.

Canalizar sus emociones es crear las condiciones favorables para que puedan expresarse libremente en respecto al otro. Es crear un ambiente de seguridad para sí como para otros.

La libre expresión respetuosa supone pues un trabajo de no exclusión, de flexibilidad y de apertura de la sensibilidad mutua. Son las condiciones de una situación de seguridad. Atrae a su vez coincidencias felices o lugar de fatalidades que causan víctimas, violencia, malentendidos y conflictos.

Este control o maestría de si-mismo supone en concreto la convivialidad que se basa en las actitudes de perdón y compasión al fin de poder corregir y liberar continuamente los comportamientos ciegos y los errores.
        Eso nos da la segunda regla, la del seguro:
« Expreso lo que experimento según mi intuición, en la medida de lo posible más allá de mis emociones automáticas »
 
A nivel del liderazgo:
 “protejo a los débiles ayudándolos a encontrar su seguridad y confianza en sí,      
mientras que pongo a los fuertes ante las consecuencias de sus actos
con el  fin de que los corrijan”»
El papel del líder no es perpetuar el orden establecido y mantener simplemente las tradiciones sino hacerlos evolucionar hacia más belleza, libertad o facilidad de expresión. El estricto mantenimiento del pasado hace perder su sentido puesto que el sentido de la vida evoluciona constantemente.

La represión sistemática y el control estricto de todo (peligro  del Estado de Derecho) son los dos enemigos de la evolución humana. Esto implica que luchar “contra y por” causa siempre una mayor resistencia. El único medio de una liberación duradera es mostrar y elaborar un orden superior de relaciones más intensas, abiertas y justas. 

Este orden superior, más seguro y más libre, no es posible sin indicar unas relaciones más transparentes entre los valores del mundo material y las del mundo espiritual en el cual vivimos. Las ambigüedades conducen siempre a errores, abusos de poder, manipulaciones de los débiles y finalmente  conflictos de sentimientos y de razón.

El punto de encuentro intermedio o neutro entre el uno y el otro debería expresarse por la noción de la laicidad. Con todo la palabra se encarga bastante, puesto que se opone del origen laico o el pueblo a las instituciones del clero para convertirse en el garante de la libertad del pensamiento.

Por fin, la laicidad debería servir para dar la posibilidad que debe aclarar las relaciones, valores e imperfecciones que existen entre el mundo material y espiritual. Con todo, si la laicidad se convierte en un objetivo en sí, deja de ser libre o neutra y garantizando la libertad, favoreciendo uno (mundo material) u otro (mundo espiritual) o paralizando todo. Al perder su sentido de intermediario, no puede sino reforzar las tensiones y las luchas de los poderes de la sombra con las de la luz.

El guía será pues también mediador entre las fuerzas que las condiciones de vida se oponen entre ellas (sincronía son: poner en el justo medio vibratorio el conjunto).

Un líder es : “un gentilhombre que no tiene ni pena, ni miedo. ” (Confucio)

3.        El tercer nivel corresponde à la dimensión de la fuerza
La fuerza es la intensidad por la cual las energías se manifiestan, transmitiéndonos la luz de información inteligente. La fuerza significa para nuestra comprensión: luz. 

Ser coherente en este nivel depende de la manera en que seamos capaces “de trabajar para la paz”, es: colaborar bien al mayor bien o el respeto de todos

No hay paz duradera posible si todos los elementos de un conjunto no sirven, cada uno según sus posibilidades, a la unión de este conjunto. La unión hace la fuerza. Es también la razón de la salud en nuestro cuerpo. No hay unión sin reconocerla. Esto pide un compromiso fraternal de cada elemento hacia el orden del conjunto. La palabra “fraternal” menciona la moderación para venir a un nivel de igualdad y libertad de servicio con toda franqueza o sinceridad.

Este compromiso pide una acción concreta de colaboración constante para crear un orden que sirva siempre mejor para el mayor bien de todos.

Nota: El significado de los sonidos de la palabra fraternidad indica según el Códice del plan sagrado del Libro de la Vida: un estado de un conjunto de niveles de vidas que pasan por la tierra, cuya Fran-cia   (franqueza) con España (esperanza) representan un papel de corazón potencial para la humanidad. Supone  llegar a una interactividad “honesta (franca)”.

         Eso nos da la tercera norma, la de la intensidad:
« Hago lo que digo para el mayor bien de todos, más allá de mi visión egocéntrica»

Al nivel del liderazgo:
« me comprometo totalmente para el mayor bien de todos
moderando y alineando al mismo tiempo las fuerzas       
con el fin de que puedan unirse fraternalmente»
El papel del guía es extender la luz que hace incluir las fuerzas que conducen a la paz o el orden más perfecto. Debe hacer permanentemente el esfuerzo de abrir su visión personal a la visión de los otros y corregir la uno con la otra (sinergia es: alinear o moderar las fuerzas con el fin de que pueden contribuir según su justo valor al conjunto).



Una visión demasiado personal en horizonte limitado, egocéntrico o exocéntrico no puede tener fuerza de resistencia. Su imposición conduce siempre e inevitablemente a la división de las fuerzas. La historia lo prueba repetidas veces a través de sus guerras y conflictos de toda clase. Por el contrario, en una visión amplia, el mayor número debería encontrarse y ser garante de una alineación y unión de las fuerzas.



El guía será pues también explorador o enseñador. Su papel es mostrar lo más claramente posible los procesos que conducen a la paz, o a la unión en la cual el mayor número posible se siente incluido. Estará además, alerta sin interrupción al hecho de que las fuerzas no se dispersen o estén desviadas o dirigidas por tendencias egocéntricas o sentimientos incontrolados.



Un líder es: “un gentilhombre que no entra nunca en competición con otros.”

 (Confucio)

4.      El cuarto nivel corresponde à la dimensión del acuerdo
Une las tres dimensiones anteriores y forma él mismo un nivel superior, lo que a nosotros se nos escapa aún en general. Con todo, el acuerdo se expresa a través de todo lo que es expresión de armonía o de lo que coincide. Además, a través de la armonía se revela el “sentido de la vida”.
Ser coherente en este nivel depende de la manera que expresamos nuestra “solidaridad” con todo y todos, es : « comunicar en un espíritu de solidaridad»
No hay acuerdo posible sin que tenga comunicación. A su vez, no hay verdadera comunicación sin solidaridad. La solidaridad supone de abandonar su soledad o separación a final que pueda hacerse un encuentro para formar una visión más global o más holística. Sin confrontación solidaria no hay comunicación.

Eso nos da la cuarta regla del acuerdo, uniendo el tres anteriores:
« Hago lo que pienso para facilitar la solidaridad entre todos y todo »
 

A nivel del liderazgo :
« comunico para aumentar el acuerdo de solidaridad entre todos y todo »

El papel del líder es crear una mayor solidaridad en la manera de ver el conjunto. Debe pues promover la interactividad entre cada elemento de la colectividad.



Eso supone que el verdadero guía es un discípulo de la sabiduría de todos. Su maestría es volver esta sabiduría interactiva. La intensificación de la interactividad permite la familiarización y la integración de los elementos hasta entonces desconocidos o no experimentados, o que no estaban de acuerdo.

En efecto, la mente no puede generar nuevas informaciones sin reconocerlas. Tiene necesidad de una confrontación o experiencia directa o bien de repetidas confrontaciones, más o menos largas e intensas. Para cada caso y persona es diferente. Con la práctica comprobamos que únicamente con el reconocimiento son posibles los acuerdos. 



Nota : la mente concreta funciona como un autómata de control. No acepta más que los datos (informaciones) reconocidas por los conceptos de consciencia que hemos fijado en la interpretación de ciertas ideas, coloreadas o descoloridas por nuestra sensibilidad. Todo cambio demanda pues una aceptación de consciencia o una puesta al día de nuestros conceptos (autómata de nuestra mente). Es difícil cuando se ha perdido la pureza emocional y la ligereza mental de un niño. 



El trabajo del líder también es supramental, más allá de la mente conceptual establecida. Confrontará su entorno con conceptos superiores, más globales u holísticos que rompen los esquemas reconocidos hasta entonces como los únicos válidos. Amplía pues los valores establecidos dándoles un sentido más universal en el que pueda reconocerse un mayor número. Su trabajo consiste en formar una visión convergente u holística  en la colectividad que lo rodea. (sinopsis es : poner las diferentes visiones en conjunto para obtener una visión global con sus consecuencias).  
Un líder es : « un gentilhombre que es fácil de servir pero difícil de satisfacer. » (Confucio)
                                              

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De las justas relaciones con uno mismo, los demás y el entorno nace la gracia

De codicia nace la ira

De la gracia nace la paz interna y externa

De la ira, productora de decepción, nace la angustia

De la paz, productora de satisfacción, nace la alegría y de esta su madre: nuestra asunción espiritual

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La asunción espiritual aclara nuestra memoria por encima de la muerte, instruyéndonos en la síntesis de todos los talentos en el Principio de unión de nuestro Padre Divino: la extra-lucidez del oír, del sentir, del ver, del elegir y del discernir. Son las bases de la creación y de nuestra creatividad.

Unen nuestras pequeñas mentes con el entendimiento del amor inmenso que anima nuestro corazón con la luz del Espíritu-Madre de toda la sabiduría del Padre. Manteniendo está luz focalizada, nuestra alma se eleva hacia el Principio Padre-Madre Creador para despertarnos en la Luz de Cristo-Buda, que hace de nosotros hijos e hijas, manifestaciones de experiencias vivas de esta esta triple unión divina como, hermanos y hermanos divinos.

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